El pobre Migue

-Socorro, sacadme de aquí

La voz sonaba ausente, lejana, entre perdida por el viento que azotaba los acantilados de la playa.

-Socorrooo

-¿ese no es Migue?- era el ruso el que preguntaba algo obvio. Sí, era Migue.

-Socorro

-Viene de allí- Coco corrió por los acantilados hasta una zona llena de espinos.

- Socorro.


Sí, Migue estaba allí, debajo de los espinos, caído en el suelo de una enorme grieta escondida bajo los espinos y otros matorrales.

-Sacarme de aquí, por favor.

El Ruso y yo tendimos nuestras manos, pero no le alcanzamos las manos, así que decidimos tirar de él, desde los píes. Y lo arrastramos hacia nosotros, atravesando los espinos mientras sus gritos aumentaban constantemente según las espinas iban clavándose en su cara.

-Hijos de puta- fue lo único que pudo decir cuando lo saquemos, pero, desgraciadamente para él, su insulto quedó ahogado por un grito cuando el perro de Fiesta llegó corriendo para morderle en salvensesean las partes... otra vez. Aquel perro tenía cierto gusto por morderle los huevos a Migue. El pobre Migue.

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