Yo fui casi Milla Jovovich

Me he puesto a régimen muchas veces en mi vida. Unas veces porque, con 17 añitos, uno quiere ligar en las noches de Conil. Otras por imposición paterna. Y otras por salud. Como ahora. Intenté jugar al fútbol con mi sobrino (de 7 añitos) y no fui capaz. Y no porque el niño sea bueno –que lo es- sino porque me asfixiaba. Y eso no está bien.

Y en todo este tiempo me ha pasado de todo. En un régimen anterior, que sería como decir una vida anterior, fui casi como Milla Jovovich. Ya saben la actriz de Juana de Arco o las más recientes de Residen Evil o Ultraviolet. Y todo tiene su explicación, su principio y su final.

El principio de como fui casi como ella se encuentra en un régimen, claro. Un régimen que impone hacer deporte y como no soy de correr –ni de hacer deporte, para que engañarnos- normalmente lo que hago es andar. Y en esas estaba, andando por un bosque de Las Calas cuando escuché un ladrido a mis espaldas. No tengo perro, y no me agradan los perros desconocidos desde que un perro conocido estuvo a punto de dejarme sin media cara (nota para el lector: no le muerda la oreja a un cazador de lobos irlandés si quiere conservar su rostro intacto). No sé porqué razón aquel día cogí ese camino. Allí siempre había perros, entorno al antiguo picadero, futuro geriátrico. Pero aquel día de diciembre cogí por aquel lugar. Y al escuchar el ladrido no pude más que mirar atrás y maldecir mi suerte. ¡Aquel enorme bicho negro venía corriendo hacia mí! Yo soy una persona valiente, pero de los que saben que una cosa es el valor y otra locura. Y enfrentarme al doberman hubiera sido una locura. Así que corrí, tan rápido como hacia años que mis piernas no me llevaban. Pero el destino era cruel, el perro se acercaba y las vallas eran demasiado altas. Solo una era más pequeña, unos dos metros de altura. Y esa fue mi salvación. No me pregunten cómo, pero la salté. De un solo salto. Una enorme mole negra cayendo sobre una parcela encharcada mientras una señora con cara de susto ante el ataque –piensen que era diciembre, llovía y yo iba enfundado en chubasqueros- gritaba: ¡ladrón, ladrón!. Y yo: ¡perro, perro!

Al final, la señora escuchó los ladridos, miró sorprendida en varias ocasiones la valla y a mi mismo, con mis más de 100 kilos de peso. Y me dejó salir por una puerta trasera mientras llamaba a la seguridad para que se llevaran al doberman. Así que, como pueden ver. Fui casi como Milla Jovovich: ambos fuimos perseguidos por un doberman, claro que el suyo estaba infectado por un virus mutante; y ambos tenemos la misma talla de pecho, bueno, yo más.

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