La ouija

¿Han hecho ouija alguna vez?. Yo sí. Fue en Las Calas, en el garaje del primo de mi primo. Que también era mi amigo. La noche anterior lo habíamos hablado, entre juegos. Y el hermano mayor de Damian dijo que nos ayudaría. A la noche siguiente fuimos todos deseando saber que era aquello: Damian, mi primo Pepe, Cocom, el Ruso y yo.

El hermano de Damian estaba en el centro del garaje, sentando en una mesita de playa blanca, con la guija sobre ella. Las cinco sillas que nos esperaban cerraban el círculo.

-Sentaos y cerrar los ojos. Pensar en alguien que ya esté muerto. Y hacerlo todos en el mismo.

-Tolkien.- dijimos al unísono Cocom, el ruso y yo.

-Franco- dijo mi primo

-No sé, ¿Xuxa se ha muerto?- preguntó Damián –Está buena.

-No, tío, esa está viva. Mejor pensar en mi abuelo. Abuelo, ¿estás aquí.?

El vaso se movió lentamente entre la S y la I.

-¿Estás muerto?

-Pisha, si no lo está, sacarlo de la tumba, que tiene que estar muerto de calor- me salió de dentro, desde siempre mi humor fue negro.

En ese momento, cayó una silla a mi espalda. Estaba colgada en el techo, como siempre y, sin más, se descolgó. Yo salté, grité y me abracé a Cocom, que hacia lo propio conmigo mientras los demás buscaban a que agarrase.

-No sabes que mi abuelo tiene muy mala leche.

No había terminado la frase cuando la rueda de una bicicleta comenzó a girar. Casi al mismo ritmo que nuestros asustados ojos.

-Me quiero ir- Damian estaba ya en la puerta del garaje, intentando abrirla sin ser capaz. Y allí se quedó, pasmado, mientras una silla volaba hasta su encuentro. Literalmente, sobre nuestras cabezas.

Todos miramos al hermano de Damian, el único mayor de 14 años en aquella sala. Esperando su ayuda y salvación. Pero estaba con los ojos blancos, echando espuma por la boca y hablando en una lengua extraña para nosotros. Más de uno estuvo a punto de mearse en los pantalones, yo el primero, cuando una risa de ultratumba llegó desde el fondo del garaje. Algunos objetos se apartaron, volaron contra las paredes, pero el estruendo provocado quedó ahogado por nuestros gritos. Que se ahogaron a sí mismo hasta dejar el garaje en el más pleno de los silencios.

Damian realizó un nuevo intento de abrir la puerta. Nada. Su hermano se giro hacia nosotros.

-¡TU! ¡TU ME HAS DESPERTADO!- me gritó- ¡TU SERÁS EL PRIMERO EN MORIR!

Y estuve a punto de hacerlo cuando la puerta cedió a nuestro empuje, en nuestro intento de huir de los fantasmas...

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