Aprobados de despacho

No se ustedes, pero yo me especialicé en aprobados extraños o aprobados de despacho, también llamado. Pero no piensen mal, nada de lo que yo hacía o decía dentro de aquellos despachos requería intimidad. Solo labia. Desde hace muchos años, todos y cada uno de mis personajes de rol han poseído altas dotes de elocuencia. Y esa misma elocuencia es la que usaba en los despachos. Ayer les decía lo mal que lo había pasado en mi primer examen, y el miedo que recorrió mi cuerpo al pensar que me podían coger copiando. Pero, lo cierto, es que las cosas no son siempre tan drásticas y puede llegar a ocurrir que uno sea cogido in fraganti y, sin embargo, aprobar la asignatura. Eso nos ocurrió a Lacueva, a Oscar y a mí en tercero de carrera. O, mejor dicho, a mí. La profesora decidió salir del aula durante el examen y, claro, ante una oportunidad como esa quién no saca los apuntes. Nosotros, al menos, éramos de los que lo hacíamos hasta con el profesor en el aula. Pero el problema vino al ser publicadas las notas: los tres estábamos suspendidos. ¿Cómo era posible si habíamos copiado todo el examen?. Así que allí nos fuimos, los tres, a su despacho. Pero entrando por turnos, el primero, por supuesto, yo:

-Perdone pero ¿no entiendo porqué no he aprobado?

-Es que hay tres exámenes exactamente iguales.

-¿Cómo?-mira que copiar los apuntes palabra por palabra, en que estábamos pensando

-El tuyo, el de Oscar y el de Lacueva

-Pero, no sé. Puede ser porque todos hemos estudiado con los mismos apuntes. Los míos. Porque ellos no podían venir a clase. Y claro, supongo que ellos habrán tenido que estudiar de memoria, porque no podían venir. Y yo, bueno, pues estudié de memoria, claro ¿sabe usted cuantas asignaturas tengo este año? 21. Es imposible hacerlo de otra forma, y bla, bla, bla.

Al final, yo salí del despacho con la asignatura aprobada. Pero mis dos amigos mantuvieron sus suspensos.

-Pero ¿que le has dicho?- me dijo Oscar.

-Que quieres que le dijese. Que los tres habíamos estudiado con mis apuntes.

-Pues a mí me ha dicho que te ha aprobado porque le has llorado en el despacho.

-¿Cómo?

-Sí,- dijo Lacueva- eso nos ha dicho. Que habías llorado porque era la última asignatura que te quedaba de la carrera.

La risa salió de mi boca de forma incontrolada. Aquello era surrealista. Entre otras cosas, porque aquel año, estábamos justo en mitad de tercero. Y, porque además, solo usé el método lacrimógeno una vez. En Contemporánea de España, donde mi labia no me sirvió de nada. Es más, ante una simple pregunta, mi aguante y desvergüenza se vino abajo. No puede más, me entró la risa y tuve que reconocer el suspenso.

- Todo lo que has dicho está muy bien-Me dijo Gloria Espigado, después de un rato de despliegue de inventiva- pero no has venido a clase nunca.

- Bueno, a algunas si fui, pero con la cantidad de clases...

-Pero está es troncal

-Si, claro, pero no se puede estar todo el día aquí. Sabe, uno tiene vida fuera. No sé, tiene que comer, ver a su abuela que ya está mayor, y esas cosas...

-Pero ¿a cuantas clases has venido?

Y ahí me vine abajo, comencé a reír y tuve que reconocer la verdad mientras me levantaba para salir.

-Esta bien, cinco horas, que no clases. Y tres de ellas fueron presentación pero, oiga, que lo he intentado ¡eh! que intente venir a clase nuevamente cuando se agruparon las aulas... pero, lo siento, son superiores a mí aguante. No he sido capaz. En fin, nos vemos en septiembre.


No la escuche, pero estoy seguro que ella dijo y en diciembre...

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