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SAS


No sé a ustedes, pero a mi el SAS, o Servicio Andaluz de Salud, me da miedo. Miedo porque más que Servicio Andaluz de Salud, debería ser de Sorpresa. Pero de sorpresa mala. Uno entra en uno de nuestros hospitales y nunca sabe cuando va a salir. Es más. Uno entra sano y, de la espera para cualquier cosa, acaba malo. Y si es verano, ya ni les cuento. Algún día, algún técnico, tendrá que explicarme porque en julio y agosto se cierran la mitad de las camas en un lugar como Cádiz, donde el turismo se dispara en estos meses.

Pero es que, además, el SAS es un caos. Hace dos años sufrí una experiencia traumática. Me partí el dedo gordo de la mano derecha. Sí, ya se que no es nada del otro mundo, pero intente usar un ratón o un teclado con ese dedo escayolado. Imposible. Quince días haciendo de zurdo y un mosqueo enorme que empezó poco después de levantarme del sofá. Porque me partí el dedo levantándome de un sofá. Sí, sí, han leído bien, levantándome, que no levantándolo. Se hundió el cojín con mi dedo en el, y el resultado fue fractura del mismo, y vergüenza del resto de mí. Pese a todo me fui al sitio en el que trabajaba de voluntario diseñando una revista. Pero el dedo comenzó a engordar y mis compañeras –todas de la edad de mi madre- me dijeron que fuese a urgencias. Y allí que me fui. Al ambulatorio que hay en Cervantes, junto a una farmacia. Lo especifico para que no vayan en caso de urgencia.


Allí entré, con aquello más solo que la una. Solo yo y el funcionario.

-¿Qué le ha pasado?

-Me he fastidiado un dedo. El gordo, para ser exacto.

-¿Cómo ha sido?

-Levantándome de un sofá

-Pisha, ya te vale- la primera en la frente, y yo que ya tenía lagrimones en los ojos- dame la tarjeta del SAS

-No la llevó en lo alto, de hecho, creo que no tengo.

-Oju. Pues tu dni

Se lo doy, comienza a teclear en el ordenador, cada vez con peor cara. Y al final dice:

-Lo siento, no existes. No te puedo atender.

-¿Qué no existo?... ¡JODER, SOY BAJO, GORDO Y CALVO, PERO EXISTO!..... Creo....

- Esto dice que no, así que nada, pishita mía, a joderse.

En ese momento salió una doctora jovencita y hermosa de su despacho, o eso me pareció a mi al ver a mi salvadora, a mi princesa azul que cabalagaba hacía mí. Y que al ver el estado de nervios, y mi mano. Decidió atenderme con buenas formas, escayolándome el dedo y esas cosas que se hacen cuando uno se parte algo.

15 días después acudí al Puerta del Mar, y más de lo mismo. Malas formas, negación de mi existencia y finalmente, quitada de escayola con peores formas: golpeando el mostrador para mostrar mi enfado. Después de eso, decidí regularizar mi situación. Casi dos años después, ya tengo mi tarjeta verde. Menos mal que no tuve un accidente de coche en este tiempo. Sino aún estaría tirado en mitad del asfalto.

Comentarios

Jose Joaquin ha dicho que…
Te lo explico yo, que no soy técnico pero tengo una madre interina de auxiliar de enfermería.

En verano, el personal del SAS hace lo que todo hijo de buen vecino: cogerse vacaciones para desconectar de su trabajo. Hasta ahí, todo normal.

Como los virus no se van de vacaciones, lo normal sería llamar suficientes interinos como para cubrir las bajas vacacionales. Pero vaya, eso significa gastarse pasta.

Así que lo que se hace es cerrar un buen número de controles, dejando un personal mínimo para atender las necesidades del hospital, y que suele tener que meterse una pechá de currar tremenda. A poco que acuda al SAS más gente de lo normal, quedan desbordados.

¿Por qué los encargados no llaman más gente? Algunos sospechan que hay primas para los encargados de personal que acaban el año y han "ahorrado" dinero en personal. Y entrecomillo ahorrado porque, obviamente, el ahorro lleva parejo un peor funcionamiento, vamos, que no es ahorro alguno, es puro recorte.

Por supuesto, el personal es el primero en quejarse, porque acaba saturado y sin poder cumplir bien su misión. Por no decir que un montón de interinos no son llamados.

¿Tú te imaginas que eso pasara en educación?
"Ey, falta un profesor... ¡en vez de llamar un sustituto hagamos unamos varias clases, total, quien enseña a 30 puede enseñar a 90."

Y aun así, nos podemos dar con un canto en las heridas, porque en Madrid la cosa funciona peor. Aunque claro, allí apoyan de forma descarada la medicina privada. Aquí supongo que lo hacen soterradamente.
Cathan Dursselev ha dicho que…
Será eso, pero sigue siendo una putada para el enfermo.

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