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[Relato Historico] Diablos del Mar


Mediterráneo
3 de junio de 1470





El sol comenzaba a ponerse al oeste, creando una imagen casi fantasmal, con el cielo enrojecido por el reflejo de los últimos rayos del astro rey. Perot se encontraba apoyado en la borda, observando aquel paisaje que siempre le había resultado tan misterioso y, a la vez, tan familiar. No recordaba cuantas veces había recorrido el mismo trayecto entre Florencia y Barcelona, en aquella vieja nave ballenera que había recibido de la familia hacía casi 15 años. En todo ese tiempo la navegación había sido tranquila, casi rutinaria pese a las incursiones de los piratas berberiscos. Pero en los últimos tiempos algo había cambiado en el tranquilo Mediterráneo. Los marineros contaban historias de barcos salidos de la nada. De piratas temibles, comandados por el propio demonio, que asaltaban cualquier navío sin importar su procedencia o lo armado que pudiera estar. Perot no creía en historias de fantasmas. El mar le había enseñado que detrás de cada leyenda había una explicación racional. Y por mucho que los marinos supervivientes de los ataques jurasen que el capitán de aquellos barcos era el propio diablo, él estaba convencido de que el macho cabrío de los mares no era más que otro hombre. Mientras miraba el mar, recordando el primer viaje que hizo con su padre cuando apenas tenía 8 años, notó una presencia junto a él. Jacome, el viejo piloto florentino, se había acercado silenciosamente, como uno de esos espíritus que vagan por los confines de la noche.


- Siempre me ha atraído la caída del sol en el mar, capitán- pese a los años pasados juntos, Jacome siempre llamaba así al viejo mercader catalán- es como si el fin del mundo viniese a buscarnos cada noche, como si el cielo ardiese en llamas y el infierno se fundiese en él durante unas horas. Como si Dios y el Diablo se juntasen para comentar como les ha ido el día.

Perot lo miró, sorprendido y divertido a la vez. La forma de pensar del florentino siempre le había resultado peculiar, casi tanto como su vestimenta. Aun recordaba la escala hecha en Marsella tres años antes, cuando Jacome fue el centro de todas las burlas por los llamativos colores de su jubón.

- Al menos hoy el macho cabrío no podrá decir que ha hundido este barco....

-¡Mi señor!, dos fustas a estribor. ¡Vienen directo a nosotros!

La voz del vigía obligó a Perot a girarse, lanzándose hacia la borda contraria. Protegidos por la oscuridad de la noche, que ya comenzaba a hacerse total, los dos navíos se acercaban rápidamente. Pronto estarían sobre ellos. Los marineros comenzaron a maldecir en catalán e italiano. Algunos juraban que habían visto el reflejo del fuego en los ojos de un capitán enemigo que no estaba a la vista.

-¡Por las barbas de Belcebú!, miré allí capitán. Que me aspen si no es el mismo diablo.

Los ojos del mercader buscaron aquello que señalaba Jacome: el mascaron de proa de la primera de las naves representaba una cabra erguida sobre sus patas, con dos grandes cuernos retorcidos que podrían abrir en canal a su viejo ballenero. No fue el único en darse cuenta. Los hombres comenzaron a rezar mientras el sol terminaba de ponerse en el oeste, dejando caer la noche, solo rota por las lámparas de aceite encendidas en diversos puntos estratégicos, y el rojo resplandor que surgía del centro del barco infernal. Según se acercaban las fustas, los sonidos de la guerra comenzaron a sonar en los tres barcos, el ruido del hierro de las espadas, las carreras por la cubierta, el sonido de los arcos al destensarse sus cuerdas. En un instante el fuego se había prendido en las velas del ballenero. Un segundo después, la primera de las fustas piratas se había acoplado a estribor y los hombres habían comenzado a ascender por la borda.

La segunda de las fustas, aquella cuyo mascaron representaba al propio diablo, tardó unos minutos más en acercarse. El suficiente para que el abordaje de la primera nave acabase con la resistencia en el ballenero. Perot observó a sus hombres. No eran guerreros, pero se habían defendido como solo aquellos que temen por su vida son capaces de hacer. Algunos cuerpos estaban tirados por la cubierta. El mercader pudo reconocer a alguno de ellos mientras eran lanzados por la borda. Sus ojos se cubrieron de lágrimas mientras veía como el cuerpo de su sobrino era enviado al reino de Neptuno.

- Que Dios lo acoja en su seno- balbuceó mientras dos piratas de piel oliva continuaban con su labor.
- Que así sea- aquella voz, mezcla de acentos, sorprendió al catalán, que se giró para observar a su interlocutor.
- ¿Quién sois?
- Algunos dicen que el diablo. Otros que el macho cabrío.
- Hace mucho que perdí el miedo a los fantasmas y no creo que el Ángel Caído navegue por estos mares.
- Yo tampoco lo creo, mi señor. Pero si me ayuda en mi labor, no rechazaré tales supersticiones de los ignorantes.
- Pues entonces, ¡presentaos!- se arrepintió del tono autoritario de su voz nada más lanzar sus palabras al viento de la noche- sois vos quién habéis abordado mi barco.


El hombre que se encontraba ante él comenzó a reír. Era un marino fornido, con la piel morena y cuarteada de aquellos criados junto al mar. Vestía ricas ropas y su juventud le hizo pensar a Perot que no podía ser el temido pirata que era. Al menos no hasta que sus ojos se posaron sobre los de él. Ojos oscuros cargados de brutalidad e inteligencia. Ojos que brillaban en la oscuridad de la noche como dos antorchas encendidas. La dura mirada de aquellos que había matado y han visto a la muerte jugar con su guadaña. Perot no lo dudó: aquel que tenía delante era la encarnación del mal en el mar.

- Veo que sois curioso, mi señor. Y valiente, pues hasta hoy nadie ha sido capaz de hacerme tal pregunta. Por eso, os complaceré pero sabed que después moriréis.- La sonrisa del pirata parecía una burla ante el miedo del mercader – Soy Pedro Hernández Cabrón, genovés y gaditano.

Pedro alzó su espada, curvada al estilo de las armas de los berberiscos, hasta el cuello del aterrado catalán.

Comentarios

Cathan ha dicho que…
Este es el inicio de la historia novelada del pirata, navegante y conquistador gaditano Pedro Cabrón.

Cada semana intentaré ir incluyendo una parte de la historia.

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