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Hombretones marrones

Aquella tarde noche fuimos cerca del río. Frente a la casa de JJ había un bosque inmenso. Un enorme pinar que se abría virgen y selvático ante nosotros. Un lugar en el que solíamos perdernos cazando ranas, montando en bici por caminos de tierra suelta o jugando al rol. O lo que nosotros pensábamos que era rol en vivo, y que el resto de Las Calas veía como “indios y vaqueros”. Aquella noche estuvimos allí una vez más. Nos dividimos en dos equipos. Recuerdo que en mi grupo estaba el Ruso, Cocom y Cathan Fiesta, pero tengo un vacío sobre los demás. Sí sé que, por una vez, Rambo estaba en el equipo contrario.

El objetivo de esa noche era ocupar la base enemiga, mientras estos nos daban caza a través del bosque. Además, teníamos una dificultad añadida: por aquella época, Alfonso Guerra (vicepresidente del gobierno) veraneaba cerca de la zona de juego, por lo que no era raro encontrarse a policías, escoltas o guardias civiles recorriendo el cauce seco del río que tantas veces habíamos usado para nuestros juegos. Esa noche, nuestro grupo decidió tomar una estrategia nueva. Entraríamos en el bosque por el camino marcado, pero daríamos un rodeo por el cortafuegos para, adentrándonos en el cauce del río, para volver sobre nuestros pasos rápidamente y sentarnos en su base. Que estaba junto al cauce, casi enfrente de casa de JJ. La táctica funcionó a la perfección y, en tan solo unos minutos ya estábamos tranquilamente sentados en nuestro sitio. Hablando de un plan perfecto y viendo como algunos hombrecillos verdes se nos acercaban para ver que hacíamos. Yo los conocía, porque solía ir a jugar a la Nintendo con el hijo del vicepresidente, así que nos saludaron y se fueron, dejándonos tranquilos en nuestro objetivo. Al cabo de media hora lo vimos, junto al cauce del río, con su poncho marrón y con el rostro cubierto por las sombras. Comenzamos a gritar, porque creímos que Rambo estaba a punto de caer al río. De hecho, y fue Fiesta quien se dio cuenta, caminaba sobre el río, pero su cabeza sobresalía por el cauce. ¡Aquello era imposible!. El miedo, ahora sí, nos hizo alejarnos de aquel lugar, camino de la luz, justo en el momento en el que el otro grupo, con Rambo a la cabeza, llegaba huyendo de las sombras del bosque por el otro extremo.

Nuestras voces chocaron en el aire, mientras los gestos indicaban el miedo que todos teníamos en ese momento. Rambo nos dijo que había creído vernos adentrarnos en el bosque, y que nos llamó para que saliéramos, pero que le respondimos que fueran por nosotros. Nosotros juramos que no lo habíamos hecho, que llevábamos casi una hora en aquel lugar y que, éramos nosotros, los que habíamos visto a David caminando sobre el río. Paco Malo, soltó, entonces, una de esas frases que paralizan el cuerpo:

-Hemos visto extraterrestres. Voy a llamar a mi tío que es ufólogo.

Como se podrán imaginar ninguno sabíamos que era un ufólogo, pero lo cierto es que al día siguiente vino a vernos. Hablo con nosotros, llamó a JJ Benítez delante de nosotros y nos metió el miedo en el cuerpo. Todos juramos no volver a hablar de lo que vimos aquella noche. Todos negamos que viéramos algo aquella noche. Pero durante mucho tiempo no volvimos a aquel bosque y, casi ninguno, se atrevió a acercarse solo a casa de JJ a la caída de la noche. Muchos dirán que soy un friki loco que cree en marcianitos, y es posible. Pero mi amigo Cathan Fiesta es un científico con una carrera prometedora y, hace menos de un año, estuvo con Iker Jiménez hablando en la radio de aquella noche. Haciéndonos recordad el miedo que aquel Hombretón Marrón provocó en nuestro grupo y, muy especialmente en mí.

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