Examenes


En breve comenzaran los exámenes de septiembre en las Universidades. Ese tramite que hay que pasar para evitar pagar el doble de matricula el siguiente año y, porque oigan, a quién no le gusta ir curso a curso. Yo era de esos, de los que solían ir curso a curso. Hasta tercero de carrera. 15 asignaturas en un curso, y cinco para septiembre. Algunas las suspendí porque lo merecía. Otras no tanto. Entre las que merecí suspender estaba Pensamiento Socioeconomico en la Edad Moderna. Asignatura que nos daba el difunto Pereiro, quien nos enseñó que la Edad Moderna eran los siglos XVI, XVII y XVIII y poco más.

Aun recuerdo vivamente ese examen. Por varias razones. La primera porque mi amigo Lacueva quiso pasarme el esquema que había preparado y yo, convencido de mi grandeza intelectual, lo rechacé. Y suspendí. Pero no un suspenso cualquiera, un suspenso con petición de visitar el despacho. Cosa que hice. Pensé que me había cogido copiando, pero lo que me encontré fue aún peor. Recuerdo el dialogo completo, como si lo tuviese grabado en una película y la viese cada noche:

-Señor Dursselev, su examen me ha sorprendido por su calidad y por la ampliación que ha realizado del temario.

-¿Muchas gracias?- en ese momento, mi mente comenzó a funcionar. Después de tres años había sido descubierto.

-Tan bueno que decidí buscar alguno de los autores que citabas, porque sus teorías me han gustado.

-¡Ah!

-Por ejemplo, he buscado a este profesor de la Universidad de Moscu- dijo señalando un nombre en el texto- pero no lo he encontrado.

La situación cada vez se complicaba más.

-Bueno, se ve que me he confundido al escribir el nombre.

-Pero es que, la Universidad tampoco existe.

-Bueno, es que el nombre en ruso... pero vamos, que era de allí.

-La cosa es que el nombre me sonaba....- me dijo mostrando un Marca sobre la mesa.

-¡Vale! Está bien. Ese Betcharni es el Betcharni del Racing.

Tres años citando autores ficticios, inventándome teorías, universidades, historia en general. Y llegaba este y me cogía. Fue el único que lo hizo. Nadie más lo consiguió. Y hasta día de hoy ninguno más lo ha sabido. El difunto se llevó mi secreto a su tumba. Pero me dejó la asignatura para septiembre.

Por cierto, que en septiembre. Mientras esperábamos a que llegase para examinarnos, comenté con un compañero los dos únicos temas que no me había estudiado. Al dictar las preguntas, coincidieron con esos temas. Y, lo peor, fue que el difunto, toda bondad él. Se giró hacía mí y, con una gran sonrisa, dijo:

-Señor Dursselev, estoy seguro de que el examen será de su agrado.

No metí autores, pero ya que no sabía nada me fui por la pregunta más difícil. El difunto baremaba haciendo media entre el mejor y el peor examen. Yo fui el único que eligió aquella pregunta: ¡aprobe!

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
JAJAJAJA...NO PUEDO EVITAR DESCOJONARME CADA VEZ QUE CUENTAS ESO TIO!
BUENÍSIMO!
fdo:Gaby

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