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Can yu estar riding, plis

Aún recuerdo con desagrado mis clases de inglés. Hoy todo el mundo tiene una educación bilingüe –trilingüe si eres catalán, vasco o gallego-, pero entonces a los idiomas no se le daba tanta importancia, al fin y al cabo ¿qué españolito iba a estar preparado para irse a EEUU o Inglaterra?. Como diría Homer Simpson: “English. Who need that?. I never go to England” Y yo menos que nadie.

Pese a todo, en el colegio se empeñaron en darnos inglés desde chiquititos, lo que no sirvió para que mis amigos y yo aprendiéramos la lengua de la pérfida Albión. En mi caso porque mis oídos no están situados en la posición correcta, en el caso de mis amigos porque no tenían capacidades innatas para ello. Y, además, las clases de nuestro profesor no ayudaban. Pero lo peor no eran las clases en esas tiernas edades. Lo peor vino cuando “nos hicimos mayores” y entramos en BUP y conocimos a nuestro mayor enemigo: D. Cesar Jose. El nuevo profesor de inglés. Las clases se convirtieron en sesiones de torturas dirigidas magistralmente por su sádica mano hasta el final del aula. Lacueva y yo, sentados el uno junto al otro, nos mirábamos acongojados cada vez que su figura accedía al aula con ese toque que solo los grandes profesores pueden tener. Llegaba hasta su mesa y, antes de que nos hubiera dado tiempo a sacar los libros, ya había dicho la fatídica frase:

- Dursselev, can yu estar riding, plis

-Yes, ay can.

Como para no poder, él era el profesor y yo el alumno. Así que allí te ponías a leer, con tu maldito acento medio español, medio inglés, con entonación francesa porque, a estas alturas, ya estabas dando francés y latín y no eras capaz de reconocer donde estabas. D. Cesar Jose iba poniéndose colorado según escuchaba mi entonación y, finalmente, decía en perfecto castellano

-¡Lacueva!, siga usted y espero que no lo haga peor que su compañero.

-Fiuuu... lo intentaré, pero no le prometo nada.

- ¡Ey! Que hago lo que puedo, y además, no rajéis de mí, que estoy aquí todavía. ¿no me ve, D. Cesar? Soy el gordo del fondo.

-Chetos... digo.. Dursselev... a la calle

- I not understand to you, D. Augusto- Le ascendía en el escalafón del cursus honorus, sí, pero yo era así de friki.



Y la discusión seguía por derroteros parecidos, hasta que yo daba con mi cuerpo fuera de clase. Dejando a Lacueva con los ojos en lagrimas ante mi valentía mientras marchaba con mis libros de inglés, como pedía don Cesar. Pero, mis libros de Warhammer y rol, porque, amigos míos, que no fuese capaz de leer en voz alta, no quería decir que no supiese inglés.

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