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Mostrando entradas de julio, 2008

¡Mamón!

Desde que tengo uso de razón recuerdo tener a mi lado a Lacueva. Incluso desde antes, pues toda mi vida ha pasado junto a él. Un día hicimos los cálculos, 27 años hace que nos conocemos. Solo dos años estuvimos separados: desde que nacimos hasta que entramos en la guardería. Es como mi sombra, mi hermano, mi amigo. Un mamón que está junto a mí aunque no lo esté físicamente. Algo así como la enamorada que echa de menos a su amado muerto y lo siente junto a ella siempre. Pero sin enamoramiento ni muerte de por medio. Simplemente somos amigos. Muy amigos. Entre otras cosas porque vivimos juntos nuestro periodo escolar en el semi-internado de Ríolete; y compartimos universidad y carrera. E, incluso, después de la carrera, nuestra amistad siguió fuerte, aunque con los lógicos intervalos.



Durante mucho tiempo, cada vez que me veía, me decía:



-Killo, estás más gordo.

-¿Quién fue a hablar?- era mi respuesta, aunque mi amigo nunca había estado tan gordo como yo. Es más, durante su estancia de ERA…

Usar la cabeza

Alguna vez les he hablado del Cabeza, al menos para decirles que era bruto y noble como un burro. Bruto en el amplio sentido de la palabra. Le costaba bastante aprobar, pero logró no repetir ningún curso, e incluso aprobar la selectividad en junio, gracias a mucho esfuerzo. Pero también era bruto de bruto. Nacido y criado en Conil, su lenguaje era peculiar, con un acento propio que nos provoco no pocos problemas. Recuerdo un día en el que acordamos que yo iría a Conil en bicicleta –hubo un tiempo, poco, en el que era capaz de hacer tales proezas--No vemo en lo cali’tro- me dijo en su acento peculiar.-Vale, allí nos vemos.Pero no hubo forma de vernos. Yo busque los calistros por todo Conil, y allí no había bar, calle, pastelería o persona que se llamase así. Después de más de una hora decidí preguntar a un lugareño.-Jiii, hombre, los calistro, vuerve y por el cementerio.Bien, el cementerio. Un lugar físico y fácil de encontrar. Y allí estaba mi amigo, en la puerta de enterramientos, a …

El Bizcocho

Dicen que todos los niños son crueles, y nuestra niñez llegó hasta cerca de la mayoría de edad. Y con ella, nuestra crueldad. Pero toda nuestra fuerza imaginativa se dirigía a una sola persona: Irina. Irina era rubia, tanto que a veces su pelo parecía blanco, como su piel, que era absolutamente blanca. En no pocas ocasiones me recordó a Florentino, mi amigo del colegio. Pero Irina tenía otra particularidad: solo con que el sol rozara su piel, se convertía en roja. Motivo por el que, en nuestra infinita crueldad, comenzamos a llamarla Gusiluz. Muchos años después descubrimos que Irina era un patito feo, que finalmente acabó convirtiéndose en cisne, y perdonándonos toda la crueldad que habíamos dirigido hacia ella.Les pondremos un ejemplo de nuestra crueldad con Irina. Un día, en la playa, las niñas del grupo nos preguntaron que porque no nos gustaba salir con ellas –o algo parecido, no lo recuerdo bien- y el Chino les respondió que eran muy feas y que, además, nos espantaban a otras ni…

Boyas

Las Calas recibe su nombre unas magnificas playas, de arena blanca y agua cristalina. Las playas de Conil son de las mejores de España, pero no lo digan mucho por ahí, que aún no están masificadas. Cuando llegaba el verano, nosotros éramos fijos en Francia. Y no, no nos íbamos a Paris, sino a la bajada de la calle Francia, igual que otros bajaban por Dinamarca, por la Depuradora, Helvetia o las Rocas. Pero nosotros bajábamos por Francia, entonces la principal bajada y única que tenía escaleras hasta la arena. Allí nos conocíamos todos. Los grupos de amigos se reunían entorno a equipos de fútbol: los Adambels, los HotDog, los Canarios, los Surferos –archienemigos de todos los demás- y nosotros: los Marabunta o Ertoil, ya que durante varios años estuvimos patrocinados por el tío de Rambo. Las rivalidades de las pistas se trasladaban a las playas. Se luchaba palmo a palmo por coger el mejor lugar en la orilla para jugar al fútbol, o el mejor lugar donde tirarse a tomar el sol. Se luchab…

Rambo

Rambo era sevillano, grande, rápido y bruto. Muy buena gente, pero obsesionado con ganar. Pese a todo nos hicimos buenos amigos, que digo amigos, nos hicimos hermabos, aunque alguna vez estuve a punto de recibir un puñetazo por ganarle una batalla de warhammer. Cuando más se le notaba la vena ganadora era en los deportes. Yo odiaba jugar al fútbol con él, porque los gritos eran continuos contra mi persona. El Ruso no jugó al fútbol jamás, se mantuvo virgen en el deporte rey, pero Cocom, Pancho y yo sucumbimos ante el deporte. Tal vez porque íbamos todos los fines de semana a Las Calas y nuestros nuevos amigos solían jugar algunos partidos e incluso ganaron algunas ligas veraniegas. Pero si se perdía Rambo siempre encontraba en mi persona al culpable, incluso alguna vez llegó a gritarme por haber recibido un gol, aunque yo estaba sentado en la grada desde varios minutos antes.Además de gustarle ganar, Rambo sudaba mucho. Si hubiera sido Ranma, se habría transformado en la chica pelirro…

Semana Blanca

El año que pasamos a 1º de BUP creímos lograr un hito en Ríolete. Según nuestros profesores, gracias a nuestro esfuerzo y buen comportamiento logramos que la semana blanca se convirtiera en algo más que una simple semana de vacaciones. Lo cierto es que algunos padres se habían quejado de tener que soportar a los hijos en casa durante diez días. Así que en una reunión del APA, que hoy es AMPA, decidieron mandarnos de viaje. Y así fue como nuestra promoción fue la primera en irse a esquiar a Sierra Nevada.Yo me apunte, reticente porque esa semana jugaba el Cádiz en Carranza. Pero mis padres me dijeron que me fuese, que me lo iba a pasar bien y que era una oportunidad. Así que me monté en el autobús con el resto de compañeros, que no amigos. Lacueva iba casi todos los fines de semana a esquiar allí; el Cabeza iba a ir, pero cayó enfermo esa semana y se tuvo que quedar en Conil; y a Florentino y Aguja no les dejaron ir por las notas del trimestre anterior. Así que me encontré compartiendo…

Cuidado con las bombas

Don José Juez era un maestro de los antiguos. De esos que saben de todo y son capaces de enseñarte cualquier cosa. En Ríolete tenían la costumbre de que el maestro acompañará a los alumnos por toda la primera etapa de la EGB, por lo que D. José se convirtió en parte importante de nuestras vidas. No les engañaré si les digo que al final de mi etapa escolar es de él de quién mejores recuerdos guardo, pese a su tendencia a levantarme por los mofletes cada vez que hacía algo que no debía. Pero es que él era de ese tipo de maestros que pensaban que la letra con sangre entra, pero cuanta menos sangre mejor. Después de muchos años, ya fuera del colegio, llegué a la conclusión de que la aparente brutalidad de D. José no era tal, que jamás hizo daño a nadie, y que lo que pretendía era mostrar una figura paternal para todos aquellos que no la conocieron en casa. Bien porque sus padres trabajasen muchos, bien porque al llegar las vacaciones los mandasen de campamento para seguir viviendo sin se…

Can yu estar riding, plis

Aún recuerdo con desagrado mis clases de inglés. Hoy todo el mundo tiene una educación bilingüe –trilingüe si eres catalán, vasco o gallego-, pero entonces a los idiomas no se le daba tanta importancia, al fin y al cabo ¿qué españolito iba a estar preparado para irse a EEUU o Inglaterra?. Como diría Homer Simpson: “English. Who need that?. I never go to England” Y yo menos que nadie.Pese a todo, en el colegio se empeñaron en darnos inglés desde chiquititos, lo que no sirvió para que mis amigos y yo aprendiéramos la lengua de la pérfida Albión. En mi caso porque mis oídos no están situados en la posición correcta, en el caso de mis amigos porque no tenían capacidades innatas para ello. Y, además, las clases de nuestro profesor no ayudaban. Pero lo peor no eran las clases en esas tiernas edades. Lo peor vino cuando “nos hicimos mayores” y entramos en BUP y conocimos a nuestro mayor enemigo: D. Cesar Jose. El nuevo profesor de inglés. Las clases se convirtieron en sesiones de torturas di…

La UCA

La universidadAl terminar mi periplo en Ríolete di el salto a la Universidad. Como supondrán, mi expediente no me dejaba mucho donde elegir, pero eso no era problema. Tenía muy claro lo que quería estudiar desde hacía mucho tiempo. Estoy seguro que no tengo que decirles cual fue mi decisión, ya les he dicho que preparo oposiciones y que esto que ahora escribo los hago entre temas de derecho administrativo. Con esos datos ya habrán supuesto, sin equivocarse, que estudié Historia.Mis padres me pagaban la carrera de Periodismo en una privada de Madrid, me mandaban a Londres o a la Conchinchina con tal de que no estudiase Historia. Pero yo, erre que erre... ¡cuantas veces me habré arrepentido! Bueno, lo cierto es que pocas veces. Si en el colegio me lo había pasado muy bien, la Universidad no lo fue menos. Sobre todo teniendo en cuenta que junto a mí tenía a mi amigo Lacueva. Por alguna extraña razón (tal vez la forma de vestir, venir del mismo colegio, ir juntos desde el primer momento) …

El respeto a los grandes

El otro día acudí a Jerez a un concierto de Bob Dylan, el mito viviente del folk, que revolucionó el rock americano junto a su grupo –The Band- y enfrentándose a otro mito vivo, pero menos conocido, como fue Neil Young y su banda Crazy Horse. Para alguien como yo, que lleva en su mp4 a Aretha Franklin, Louis Armstrong y, por supuesto a Neil y a Bob, esa noche debía ser mágica.Y lo fue, Bob Dylan llenó el escenario con solo cinco músicos, su voz rota y sus letras indescriptibles. Música con mayúsculas. Espectáculo en estado puro. Como solo los Bob pueden hacerlo. Si el actor secundario Bob es capaz de eclipsar al propio Homer Simpson, Bob Dylan es capaz de eclipsar sus limitaciones. Se me pusieron los pelos de punta al escuchar su voz en algunas de las melodías publicadas por The Band.Pero también se me pusieron los pelos de punta con la falta de respeto de algunos de los presentes. Es normal que haya ruido, que la gente grite y coree las canciones –si el gran Bob te deja, cosa que no …

Agregandose, II

Así que allí estábamos. En un lugar que apenas conocíamos: las pistas deportivas. Junto a una portería con un portero regordete con cara de simpático. Y más felices que unas castañuelas porque habíamos entrado en otro grupo sin ningún tipo de trauma. Definitivamente antes todo era más sencillo. Más aún en Las Calas, donde todos éramos más infantiles de lo que debiéramos, no como ahora, donde la infancia a desaparecido en las noches de Conil.- ¿Estás seguro de que ha dicho “bueno”?-pregunto Pancho.-Sí, sí, yo le he oído decirlo- respondió Cocom –parecen buena gente-Pero juegan al fútbol....Sí, definitivamente jugaban al fútbol y eso no me gustaba. Pero mejor eso que quedarse solo, que una partida de rol con tres jugadores no era divertida. Así que nos sentamos junto a la portería, guardando celosamente nuestras bicicletas y mirándonos nerviosos en aquel lugar hostil. Lo peor vino cuando el portero regordete del que ahora era nuestro equipo gritó varias veces “bueno”, con lo que las dud…

Agregandose, I

Ayer les dije que hoy les hablaría de mi cambio de grupo. Lo cierto es que se produjo en cuando cumplí los 15 años. Pero el cambio se dio entre los amigos de Las Calas. Mientras algunos de los vecinos ya llevaban años afeitándose otros comenzaban a hacerlo y, como comprenderán, surgieron las diferencias. Más aún, cuando la diferencia de edad provocó que algunos lograran que sus padres le compraran una moto. Mis primos fueron los primeros: dos vespinos, uno rojo y otro negro. Sus padres siempre les compraban las cosas a pares: que la niña quiere un piano, pues al niño, otro; que el niño quiere una Atari, otra para la niña. Y yo llorando por las esquinas para que me comprasen unos dados.Después de mis primos, la moto cayó en casa de las vecinas y la mayor, María de los Llantos, moto negra. Después le tocó el turno a Juan –que más tarde descubrimos que era un infiltrado de los juanes para desestabilizar nuestro clan-, moto rosa. Y los motorizados decidieron que las noches eran más divert…

Residencial Las Calas

Tal ver se habrán imaginado que yo era un niño bien, y nada más lejos de la realidad. No es que mi padre fuesen pobres, pero vivíamos bien gracias a que había logrado ascender en su empresa a base de trabajo. Mi padre era uno de esos directivos hechos así mismo, que había entrado a trabajar con 16 años como calcador de planos, para acabar ejerciendo de directivo en la zona. Y con eso, unas tierras heredadas, y vendidas, y la compra de un chalecito en una urbanización que empezaba a formarse, se hizo el milagro. Y mi yo imberbe salía los viernes del pseudointernado para irse a pasar el fin de semana (y cualquier otra fiesta) en una urbanización conileña.Allí no estaban Florentino, ni Lacueva, ni Aguja. El Cabeza, que vivía en Conil, se acercaba alguna vez en bici, pero lo normal es que yo no tuviera a mis amigos y me conformará con mi primo y los vecinos. Un grupo bien avenido, sin duda, mientras que los vecinos fuesen cercanos. Porque la calle estaba divida en dos. Por un lado los rot…

El colegio: Ríolete

Hoy les voy a hablar de mi colegio, uno de esos con tintes religiosos y adscritos al MOPUS, ya me entienden. Estaba casi interno, y digo casi porque dormía en casa, a la que llegaba a eso de las 6. Pero no estábamos allí porque nuestros padres no nos quisieran, al menos en mi caso no era así, si no por la buena fama que tenía el centro: el colegio Ríolete (como dice mi buen amigo Gades Noctem en su blog, no he comprado los derechos para usar el nombre real), de El Puerto de Santa María. Porque si no lo he dicho hasta ahora, se los hago saber: soy gaditano, de Cádiz Cádiz.Pero les hablaba de mi colegio. Era un centro elitista donde se juntaba la gente con más dinero y con más tontería de la provincia, con los hijos de los adeptos del Mopus (que no pagaban) y con otros que habíamos caído allí porque los jesuitas no tenían autobús escolar. Eso hacía que los grupos de amigos fueran muy diversos. En mi caso, el grupo lo formábamos cinco: el cabeza, que era de Conil y se parecía más a un bu…

El Inicio de todo

07/07/2008No soy mucho de escribir en blog y estas cosas. Más que nada porque mi vida no tiene nada de diferente a la de otros muchos y porque, además, no creo que a nadie le interese lo que me pase cada día. No me gustan esas historias que cuenta la gente en sus páginas. Eso de ir diciendo que hago cada día, quién me gusta y qué me gusta de las mujeres. Qué no soporto en los amigos, o cual es mi color preferido. Y como no me gustan esas historias no las contaré aquí.Prefiero recordar lo que me pasó antaño, cuando aún era un jovencito imberbe de quince años o menos y por mi mente no pasaba presentarme a unas oposiciones. Mis aventuras y desventuras en el colegio, con los amigos, en la urbanización donde veraneaba en mi burbuja de rol y playa. Las primeras borracheras cuando aún se permitía beber en la calle y no en botellodromos. Y, porque no, aquellas cosas que se me vengan a la cabeza día a día. Si es que soy capaz de venir por aquí a diario y, más importante aún, si hay alguien al …