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Parecer ser

Durante mucho tiempo, traté de agradar a quién se acercaba a mi. Tanto, que llegó un momento en el que comencé a verme a mí mismo como humo. Una simple fachada vacía, que ocultaba nada. Y eso, durante años, fue minandome; hasta hacerme perder el norte y olvidarme de quién soy realmente. Pero, hace unos años, me redescubrí de la mano de una persona que ya no está en mi vida. Y me di cuenta de lo importante que es ser uno, sin miedos, sin complejos, sin mentiras.
Y así es como trato de ser ahora: llevando la verdad por delante para que SER y PARECER SER sean lo mismo. Aprendí a dejar de morderme la lengua, a hablar sin complejos de mis sentimientos, de mis gustas (que eran míos, aunque otros no lo compartieran) y eso me condujo a la felicidad. A la real. A la que te permite ser completo sin necesidad de parecer ser lo que a tu grupo/pareja/familia le gustaría que fueras.
Pero eso me ha llevado a pensar en algo mucho más profundo e importante: lo triste que es necesitando tener que agrad…
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De miedos

No siempre podemos ser fuertes. Podemos tratar de aparentarlo; podemos aferrarnos a una falsa sensación de felicidad. Pero, a la hora menos esperada, te rompes. Te rompes una y mil veces. Incapaz de controlar las lágrimas que brotan de tus ojos. Incapaz de detener el temblor que recorre tu cuerpo.
Es imposible evitarlo; y esconder el dolor no hace más que acrecentarlo. Lo sé. Lo sé de primera mano en este año que me ha mirado con mal ojo. Quizá, solo quizá, el peor año de los 40 que he disfrutado.  Y he tratado de ser fuerte. De aparentar ser lo que no soy y, al final, una y otra vez, me rompo. Y duele aun más. 
Duele el alma, el corazón y el estomago. Duele hasta el último de los huesos y tu cuerpo pide que te dejes atrapar por las sábanas. Que te escondas bajo ella del monstruo que viene a verte cada mañana  -en esos días, aprendes a temer a la claridad-. Un monstruo que se disfraza de soledad y de silencios. Al que acallas con la música hasta que la música se transforma en un last…

De pienso para humanos

Nos volvemos gilipollas. Definitivamente, nos estamos ganado la extinción a pulso. Ejemplo práctico: Me han encargado un artículo sobre una nueva moda que está llegando a Europa: comer a base de pienso (llámalo "Comida en Polvo Nutricionalmente Completa"). Son varias las empresas (Joylent, Huel, KÜiK Mealque o Soylent, entre otras) que venden ese polvo que puede convertirse en batido, con el objetivo de que comamos rápido y sano; y con la mejor opción vegetariana y para cuidar el planeta.
No es más que una moda que viene de:
La idea postmoderna de que ya no existe tiempo para lo innecesario: comer ya no es un placer; es algo que hay que hacer para vivir y, por tanto, se puede delimitar en el tiempo.Muchos gimnasios, y tiendas asociadas, principalmente vinculadas a culturistas la recomiendan a sus deportistas, junto a otros componentes nutricionales que hinchan los músculos (la apariencia sobre el esfuerzo real, luego pasa lo que pasa)La cultura vegana y el anti-especismo (aho…

De fotos

Hoy vuelvo mis ojos a ella, la niña sin nombre que cambió mi vida hace más de 11 años. No sé que razón me lleva a eso, pero cada cierto tiempo necesito mirar esta imagen. Recordar su dura historia y su sonrisa sincera. La verdad que se esconde tras esos ojos. Quizá al mirarla lo que hago es recordar qué y quién soy, y al suerte que tengo por ello. Quizá me arrastre de nuevo a la tierra, me centre en el mundo y me recuerde que no soy el centro de nada y que mis problemas, por graves y profundos que me puedan parecer, son una nimiedad en el mundo que habitamos.

O, quizá, simplemente, sea el anhelo de volver a la India, de volver a ser parte del todo, de volver a sentirme vivo en plenitud.

Huye

Llora a través de la noche, tratando de correr para huir de la oscuridad que llena los días. Lágrimas sangrantes surcan su rostro con el salado sabor del que sabe que solo la muerte es el destino. Y huye. Corre como alma que lleva el diablo sabiendo que solo hay una ventana entre su salvación y su pesar. Lo sabe, sabe que, como cada noche desde hace muchas noches, el viejo del sobre, el que tiene negras las alas, el corazón y la levita, volverá a buscarlo. Y le dirá: hazlo.
Y sabe que no sabe cuánto más podrá aguantar. Cuanto tiempo tendrá fuerza para anclarse a la cama y no correr hacia una falsa salvación. Y llora, a través de la noche, para huir de la oscuridad que llena su corazón desde el mismo día en que todo se partió. Desde aquel aciago momento en el que todo llegó a su fin. Y lucha, lucha por evitar sentir lo que siente, por evitar amar como ama a pesar del dolor que le causa.
Y huye. Huye de sí mismo, huye de los demás, huye de ella aun aferrado a ella. Por que ella, con sus…

"Sharp Objects", una grata sorpresa

Llevo mucho tiempo casi sin leer, curioso para alguien que ha crecido entre libros; pero los ritmos de vida me han llevado a ser incapaz de sacar las mismas horas que sacaba antaño para terminarme los libros y, también, me ha vuelto tiquismiquis y ya no me vale todo. Ahora, si algo me aburre, lo dejo y paso a otra.

Pero, sin embargo, eso no me pasa con las series. En ella he encontrado un refugio a ese tiempo de asueto mental que todos necesitamos y me ha permitido toparme con grandes series en ese inmenso mundo de las plataformas. Seguramente, debería hablar de Chernobyl (maravillosa en todos sus sentidos), pero si una me ha marcado estas semanas ha sido Heridas abiertas (Sharp Objects). Una historia aparentemente simple que se va transformando y te mantiene alerta hasta el último segundo (literalmente).

Además, y esto se agradece, es una miniserie autoconclusiva, de capítulos cortos y cargados de intensidad. Con historias duras que se cruzan con el regreso a casa de una joven perio…

Telarañas

A veces nos enredeamos en nosotros mismos, creando telarañas de las que somos incapaces de escapar. Hilos invisibles que se enredan en nuestras almas y aprietan tan fuerte el corazón que su roce parece gritarte ¡muere!
Esos mismos hilos se lían con los hilos de otros, creando nudos e intersecciones de caminos que te alejan de tu propio camino. O que te apartan del otro para, de pronto, atraerte al otro.
Y es que, para nuestra desgracia, no somos los únicos con dominio sobre nuestra existencia. No lo vemos, pero entre las sombras siempre hay hilos que, como si fueramos marionetas, nos mueven. Pero esos hilos no se anudan a los dedos de ningún tiritero; son movidos al de los corazones de quienes nos rodean.