miércoles, 24 de agosto de 2016

Tres días, tres citas.

"Soy capaz de tantas cosas y no se dan cuenta. O no quieren darse cuenta. O hacen todo lo posible por no darse cuenta. Necedades. Dicen que la vida se puede recorrer por dos caminos: el bueno y el malo. Yo no creo eso. Yo más bien creo que son tres: el bueno, el malo y el que te dejan recorrer”

("La conjura de los necios", John Kennedy Toole)

Esta frase dice tanto por sí misma que casi no necesita ser comentada, pero curiosamente siempre me ha dado mucho que pensar: ¿son dos, tres o cuatro los caminos que podemos recorrer? Desde la primera vez que me lo pregunté hasta hoy mi visión de la vida ha cambiado mucho. Antes, hace diez o quince años, estaba totalmente de acuerdo con ella: son tres los caminos que podemos recorrer, porque muchas veces nos imponen una senda por la que ir, que no sería la que nosotros elegiríamos libremente.

Ahora, quizá por ser más viejo o por haber "andado" mucho, me doy cuenta que esos caminos se entremezclan y, sin querer y sin saberlo, nos permiten recorrer un cuarto sendero: el que abrimos machete en mano. Con nuestros estudios, nuestras decisiones, con la fuerza de voluntad de enfrentarse a la adversidad y vencerla. Una cuarta vía que no siempre es visible pero que se convierte en la única que transitamos; una vía que a veces es buena, otras malas, o míseras o fantásticas pero que es la nuestra. No la que nos han dejado recorrer; la que hemos decidido recorrer aunque nos hayan impuesto otra. Esa a la que hemos llegado al salir corriendo en un recodo, o tras escondernos tras "una piedra", aunque los necios siempre pensaran que no seríamos capaces de hacerlo. 

Eso sí lo tengo claro: cuando no alcanzamos ese sendero, el nuestro, no es porque nos hayan obligado a ello, es porque nosotros mismos hemos acabado aceptando como válidas esas necedades que niegan nuestra capacidad. Nos hemos convertido en necios, silenciosos y anodinos, que caminamos por la tercera vía (la que nos dejan recorrer) por comodidad, por infravalorarnos, por vaguedad. Pero cuando somos capaces de sobreponernos a esa necedad, entonces, sí que somos capaces de convertir los obstáculos en ventajas y abrir ese camino que solo Dios sabe dónde nos llevará.

Sea como sea, esta frase es una de las que más me ha dado que pensar en mis miles (parece mentira con lo poco que este año reseño) de lecturas.

martes, 23 de agosto de 2016

Y Facebook lo mató...

Desde que facebook llegó a nuestras vidas todo ha cambiado. Pero, significativamente la forma de relacionarnos física o virtualmente. Si antes para lograr ver a alguien necesitabas un número de teléfono, ahora basta con dar tu cuenta de facebook (entre las nuevas generaciones esto se sustituye por instragam). Es más, aunque esa otra persona no te haya dado su cuenta, solo hace falta paciencia y un par de datos para llegar hasta ella. Algo que, por otro lado, me causa auténtico pavor.

Pero peor ha sido lo virtual, donde los blog han ido cayendo en el olvido y los blogueros se han ido trasladando hasta facebook. También yo he caído en ese error y aunque trato de subsanarlo y volver a pasar por aquí, sé que muchos de quienes en otro tiempo me leían hoy ya han dado por perdido.  Y, en cierta forma, es así ya que he perdido la costumbre de escribir —aunque solo sean unas pocas líneas— o de desarrollar en este rincón historias que luego ampliaba y crecían. En cierta forma, Catandur ha sido mi banco de pruebas, en el que testé a Jorge y a Pedro Cabrón; en el que comencé unas leyendas que —prometo— tras la vuelta del viaje de mi vida —allá por octubre— concluiré y prepararé para su publicación. 

Además, del fin de los blogs, se ha producido un daño colateral: desde Facebook y al calor de los [infernales] grupos han surgido nuevas "generaciones" (algunas queriendo asimilarse a las del 98 o del 27) de escritores que se retroalimentan lanzando miles ¡MILLONES! de publicaciones gratuitas o semi gratuitas (¡A un euro, oíga, por un eurito se lleva 300 páginas de la mejor de las mejores historias que jamas de los jamases haya leído! ¡Corran que nos lo quitan de las manos! Edición 3206 y subiendo) Y este es el peor "regalo" que nos ha dejado facebook y Amazón y Kindle.... la opción de que cualquiera que sepa juntar dos letras lance al ciberespacio sus libros como si de grandes obras se tratarán; mientras en facebook, amigos y otros escritores "generacionales" alaban, ensalzan y engrandecen lo creado. Y eso, a la larga, también ha afectado a los blogs, donde antes los autores lanzaban sus textos —algunos realmente buenos— y se basaban en el numero de lectores, en los comentarios o en el tiempo transcurrido en la página por el lector (sí, reconozcámoslo, todos lo hemos hecho) para saber si el texto tenía o no interés. Pero ahora el interés está en tener cuantos más amigos mejor, de esos que te dicen "que bueno eres, monito" pero jamás se leerán una página tuya porque lo que buscan es que tú leas las suyas.

Así que, al final, Facebook remató a los blogs, pero fue como la muerte de César: Brutus asestó la última de las 44 puñaladas; las otras, las dimos nosotros.

lunes, 15 de agosto de 2016

Tres días, tres citas

La iniciativa la ha tomado mi buena amiga Alejandra en nuestro blog "Acabo de Leer", pero me ha parecido buena idea compartirla con vosotros, también, aquí. Así que os dejo la primera cita elegida por mí:

Tres días, tres citas (I)



No creo que lo haga en tres días, pero como así lo ha titulado Alejandra, lo dejo y me uno a estos post.


Quizá empiezo con una cita que me dice más a mi que a otros, por eso de que vivo este mundo (el de la literatura) desde dos frentes: como lector y como escritor. Pero me ha parecido una frase que dice mucho de lo que ocurre hoy en día en los círculos literarios, sobre todo locales, con el aumento de las opciones para publicar.

La cita está sacada del libro que estoy leyendo en estos momentos —y que me trae algo loco, todo hay que decirlo—: "La misteriosa llama de la reina Loana", de Umberto Eco. Y dice tal que así:

"en este mundo o se lee o se escribe, los escritores escriben por desprecio hacia los colegas, para tener de vez en cuando algo bueno que leer"

Y, desgraciadamente, hay una parte de verdad. Parece que nunca se puede decir nada bueno de otros autores porque, en ese caso, es que quieres algo de ellos. Parece como si la literatura fuera una competición en la que los Góngoras y los Quevedos se reproducen en las puertas de los cafés-librerías. A lo que se une esa idea de que yo soy mejor que tú; de que escribir es sencillo y todo el mundo puede hacerlo, perdiéndose la capacidad de autocrítica y, peor aún, desapareciendo los filtros que antes existían para ver un libro publicado (aunque tan solo fuera el coste que supone la auto-edición)

Al final, entre todos, lo que se está consiguiendo matar la literatura y que para encontrar un buen libro, o un libro ameno, deban ir rechazándose y dejándose apartados cientos de títulos. Y todo por culpa del ego del escritor de creerse mejor que nadie.

jueves, 11 de agosto de 2016

De reseñas literarias

Mientras sigo arrancando en este rincón, os recuerdo que desde hace tiempo dejo las reseñas literarias de los libros que voy leyendo en "Acabo de Leer", que comparto con mi buena amiga Alejandra.

Hoy mismo he colgado la reseña del último libro leído, "La IGM contada para escépticos" de Eslava Galán. Así que si tenéis ganas de leerla, podéis pasaros por allí:  http://acaboleer.blogspot.com.es/2016/08/titulo-la-primera-guerra-mundial.html 

Yo, por ahora, me voy a seguir leyendo "La misteriosa llama de la reina Loana" de Umberto Eco, que, por ahora, me estoy bebiendo. Y es que, parece, todo vuelve a su cauce.

lunes, 8 de agosto de 2016

Que de tiempo...

Que de tiempo sin pasar por aquí. Quise retomarlo y llevarlo al día, pero las obligaciones laborales ya académicas me lanzaron por otros caminos que me alejaban del teclado del ordenador. O, al menos, para escribir por gusto en este pequeño rincón del ciberespacio.

Por eso, hoy vuelvo a pasar por aquí casi de puntillas, diciendo con la boca chica que volveré a dejar mis ideas, mis locuras, mis textos, algo de historia y mucho de sueños por cumplir. Pero que iré poco a poco, sin plantearme hacerlo a diario, porque el día a día que me espera ya no es el mismo de antes. Y no es que haya ido a peor ¡todo lo contrario! solo que ahora, en este preciso instante de agosto de 2016, debo recuperar los hábitos perdidos durante muchos (demasiados) años de investigación. Así, con la tesis doctoral y el master concluidos, puedo volver a los placeres mundanos: escribir, leer, ver series, cines,... 

Y es que, echo la vista atrás, y este año ha sido poco productivo en el fomento de mis aficiones y casi se pueden contar con los dedos de las manos los libros leídos, y con los de una sola los disfrutados. Así que permitidme un par de listas, de esas que tanto me gustaban en otros tiempos, con el top five (toma anglicismo) de lo que más he disfrutado en estos 8 meses.

Libros:

1.- La I Guerra Mundial contada para escépticos.   Eslava Galán demuestra sus dotes de novelista y te cuenta la IGM de forma distendida, amena y hasta divertida (si puede ser divertida una contienda como esa). Deseo de que caiga en mis manos La II Guerra Mundial para escépticos.

2.- Días de perros de Gilles Legardinier es un pequeño cuento, casi tragicómico en el que se habla de vida y vidas sin más moraleja que la de vivir. Divertido la mayor parte del tiempo, llegó a sacarme alguna carcajada pero, sobre todo, muchas reflexiones.

3.- Un Jardín al norte, de Boris Izaguirre, con algún pero, ha sido una de las mejores lecturas de este año. Historia y aventuras narrada magistralmente por el venezolano.

4.- La maniobra de la tortuga. Benito Olmo me ha reconciliado con la literatura negra después de mucho tiempo (salvando el caso de Una última cuestión, de Carmen Moreno, que no entra en el ranking este año). Y para colmo, se desarrolla en Cádiz.

5.- Sherlock Holmes y las sombras de Whitechapel en la que Carmen Moreno (sí, tenía que salir) une a Sherlock con Jack el Destripador en el Londres victoriano ¿se puede pedir más?

Series:

(Permitidme que obvie las obvias como son Juego de Tronos o The Walking Dead).

1.- Orange is the new black: Sí, ya sé que lleva 4 temporadas, pero aún así vuelve a estar en mi top five de series con una temporada que podría haber bajado y que, sin embargo, se me antoja mejor que las anteriores.

2.- Outlander: Escocia me ha ganado, me he vuelto jacobino y quiero ir a recorrer las tierras altas con un kilt y buscar castillos abandonados. Nada que decir salvo que ¡Por Dios! no lo veáis en español.

3.- Fear the walking Dead: en unos días (el 22 de agosto) comienza la segunda parte de la segunda temporada. Deseando ver como se las apañan en México. Si alguien esperaba una serie idéntica a su hermana mayor se habrá dado un chasco. Personajes carismáticos pero más humanos; ese México cargado de supersticiones y violencia, un grupo que no sabe que está pasando al inicio de la ¿pandemia?. Para mí, un fijo en mi calendario.

4.- Rumbo al Norte, serie española de Antena 3 que desapareció sin más y que, sin embargo, reconciliaba con la comedia española blanca (que no para todos los públicos) en el remake televisivo de la película del mismo (o similar) nombre. Como no, A3 la ha maltratado y nos hemos quedado sin saber nada más de sus personajes. No era una gran serie, pero si se dejaba ver.

5.- Stranger Thinks: la pongo la última, porque los últimos serán los primeros. ¿cómo definirla? ¡Vivan los 80! ¡Vivan los Goonies!


lunes, 21 de marzo de 2016

Avieno sobre Cádiz

En el Día Mundial de la Poesia, compartimos una de las primeras dedicadas a la ciudad de Cádiz, y escrita por Avieno en su Ora maritima

Gades hic est oppidum
Insula Tartesus prius
Cognominata est, multa
et opulens Civita
Evo vetusto nunc egena,
nunc brevis nunc destituta;
nunc ruinarum ageri est.
Nos hoc locorum prete Herculaneam

Solemnitaten vidimus miri nihil.


Esta es Cádiz que fue antes
por Tartesus conocida,
Ciudad grande y opulenta
en las edades antiguas;
ahora pobre, ahora pequeña, 
ahora campo de ruinas.
Nada especial aquí vemos
en que la atención se engría
sino los solemnes cultos 
que a Hércules se dedican.



jueves, 17 de marzo de 2016

Aventuras de Fernán Garcés (IV)

Durante el siguiente día recorrí la ciudad, guardado siempre por hombres de Abdul Hamman que ejercían de captores y protectores por igual, caminando a mi lado en silencio. Tan amenazadores que nadie osó en esos días acercarse hasta mi o, tal vez, nadie me asociase al ataque que sufrió la ciudad casi diez años atrás. Fuere lo que fuere, la tregua ofrecida por la protección de Hamman me permitió recorrer el mercado y entablar conversación con los mercaderes. Seguro de que mi presencia no perturbaba a los portugueses comprendí que la mejor opción para completar la misión que me encomendase mi señora la reina era don Joao Afonso, alcaide de la ciudad. Pero para ello necesitaba acceder al interior de la fortaleza circular pero bien sabía Dios que eso sería imposible para un simple capitán castellano como yo. Quizá Hamman pudiese abrirme esas puertas, pero no estaba en mi ánimo el confiar en el moro aquella necesidad.  Aunque, tal vez, si lograba hablar a solas con Diego este pudiera convertir lo imposible en milagro.

Y el milagro se produjo la tarde del segundo día, cuando Diego accedió a mis habitaciones para visitar a un viejo conocido que podría cruzar nuestra expedición hacia tierra de negros; atravesando la bahía que nos separaba de tierra para dar encuentro a los caravaneros que nos llevarían hasta Gao. Salimos del palacio de Hamman con el sol en alto y el cuerpo perlado de sudor por el calor sofocante de un día en el que las calles parecían arder con fuego propio.

—Nadie desea llevaros hasta la costa— fueron las palabras de Diego cuando, por fin, nos encontramos solos, ocultos del sol bajo el toldo de acceso a la casa del mercader.
—Necesito hablar con Joao Afonso, Diego. Necesito cruzar y marchar a Gao.
—Ese cofre que portáis, Fernán, es vuestra perdición. Muchos ojos se han posado en él —me confió— y solo Abdul los separa de ti. Debéis cuidar vuestra espalda si deseáis cumplir esa misión que os ha traído tan al sur.
—Debo continuar con ella, y no habrá nada que me detenga…
—Fernán ¿cuánto ha que nos conocemos? Confiad en mi y decidme que es eso que se esconde en el baúl —había puesto sus brazos sombre mis hombros y me miraba fijamente a los ojos. Entonces comprendí que estaba solo en aquella isla y que ahora, más que nunca, debería lograr acercarme al alcalde—. Decídmelo y os llevaré hasta don Joao.
—Sea al revés, Diego: llevadme ante don Joao y os revelaré mucho más de lo que deseáis: el verdadero motivo de mi viaje a Gao. Os aseguro, viejo amigo —escupí aquellas palabras que habían dejado de tener sentido en mi vida— que será negociado más lucrativo para vos que el simple contenido de un viejo arcón cargado de ropajes.

Conocía a Diego y sabía que, como antiguo pirata, si lograba despertar su curiosidad lograría de él lo que deseaba. Y lo único que anhelaba en ese momento era adentrarme en la fortaleza y llegar hasta el señor de la isla.

—Sea— dijo Diego finalmente—, pero sabed que Joao Afonso lleva pocas lunas al frente de esta isla y que la sombra del de Evora —dijo refiriéndose al antiguo alcalde que gobernase férreamente la zona durante una decena de años— es alargada. Si él estuviera aun al mando ni la protección de Hamman os hubiera salvado de morir a manos de aquellos que recuerdan vuestra última visita cada vez que ven las marcas que el fuego dejó sobre sus vidas —me sorprendió aquella revelación que convertía a Abdul en mi protector frente a las amenazas que me lanzaba aquel en el que había confiado—. Esta noche visitaremos al alcalde— concluyo Diego.


Quedé abatido ante lo que acaba de descubrir, pero intenté negarme que Diego pudiese traicionarme. El era mi esperanza de volver a Cádiz y a él había confiado La Gitana y mi tripulación. Debía lograr atraerlo hasta mi y aquella noche sería mi última oportunidad de recuperar su lealtad, librarme de la protección que ejercía Abdul Hamman y que coartaba mi libertad y dirigirme a la costa para adentrarme por las rutas caravaneras hasta Gao y su rey de ámbar.

miércoles, 16 de marzo de 2016

De lecturas que nos recuerdan la Historia

En estos tiempos que corren de fronteras cerradas y miles de personas huyendo de la guerra, permitidme que les recomiende un libro —cuya critica ya publique por aquí hace mucho—: "Un saco de canicas", de Joseph Joffo, un judío francés que se vio obligado a huir junto a su hermano de la Paris nazi.

Sin olvidar que estamos ante una novela juvenil, Joffo nos adentra en los duros años del nazismo y de la ocupación en Francia. A través de sus ojos de niño nos relata sus propias vivencias sin esconder la dureza, el miedo pasado, la alegría ante cualquier sorpresa positiva, la incomprensión ante lo que ocurría a su alrededor. Joseph se hace hombre a la fuerza, desde el mismo instante en que, con 10 años,su madre le da un zurrón y un poco de dinero y le manda cruzar el país para buscar la libertad en Niza.

Pero, en contra de lo que pueda parecer, no estamos ante una novela triste. "Un saco de canicas" se convierte en un canto a la esperanza. El de aquellos que, a pesar de todo, luchan por seguir adelante y encontrar su lugar en un mundo lleno de odios, y lo hacen sin odio. Además, Jospeh dota a la novela de un ritmo rápido, con un lenguaje escueto –pero no por eso pobre- que agiliza la lectura y te mantiene enganchado desde el primer momento hasta el último. Es una novela infantil, sin duda, pero aún así es uno de los mejores libros sobre el antisemitismo nazi y, leído con ojos de adultos, se puede descubrir al Joseph Joffo surgido de las cenizas de una Europa desangrada por la sinrazón.

Quizá el éxito de esta obra y de su estilo nace de que Joseph no es escrito, no el típico al menos. Hasta 1971 ejerció la profesión de su padre regentando una peluquería y fue ese año, tras sufrir un (des)afortunado accidente de esquí, cuando decida escribir sus vivencias infantiles, publicando este saco de canicas que inmediatamente se convirtió en un éxito. Y es comprensible, ya digo, pues su lectura es rápida y ágil pero, sobre todo, es un libro que cuenta cosas.

Y en estos tiempos debería ser lectura obligada para todos, quizá así recordásemos que también nosotros (la vieja y orgullosa Europa) hemos pasado las mismas guerras y sufrimientos que nuestros vecinos; que también tuvimos que huir y buscar refugio y que otros nos abrieron las puertas. Tal vez recordaríamos que los miedos al "extranjero" conllevó la aparición del nacionalsocialismo, de los sentimientos xenófobos y el nacionalismo más arcaico. Y eso es casi lo peor de todo, que al final podemos volver a caer en los peores momentos de nuestra historia común. 

martes, 15 de marzo de 2016

The girl

The night was black. The moon was hidden behind clouds and only one light was illuminating street. The man sited in the corner saw the girl. She looked behind her back, and ran again. The man didn't say anything but he knew that his life was over. The cold crossed his body and death called him. He took his phone and he phoned the police.


—The girl —he said—, they want to kill her. They are... the evil.
Nobody believed him and the girl ran alone in the dark. The Evil ran after her.  She didn't see the evil, she only ran inside the park. She looked quite sure and calm. But she knew the true: they want her soul: the virginal and pure soul for them. The evil walking in the road but the girl is fast. She knows, she must. The little and pretty girl must save the world of the Devil. And Devil fights by the end the kingdom of God. But God has abandoned his people in a girl's hands. And she walks in the night searching for an answer to her question: "Why me?"
She's a simple girl. She doesn't believe in God or Devil. She only wants live. And now she must fight for her life, for the life of all people.



* * *
The light of the sun crossed the window and it made shadows in the wall. The girl smiled when she thought about today. In the bed, under the covers, she was waiting her father. He promised that they would go to her house cousins. She loves go there, because they have a lake behind the cottage and she could swim today.

—Hi, Sweety —Bob, her father, said— How are you this morning? Come on! You take a shower while I'm cooking the breakfast. Do you want eggs?
—Yes, daddy! —he said. And she got up and ran to the bathroom.

She hadn't listened the noise that arrived from the kitchen. She walked down the hallway and was singing an infantile song about a little dog. She was barefoot although she knew that her father didn't want it. When she felt the hot in her feet, she looked down. She couldn’t scream. She tried, but she couldn't. Her father was on the floor. The blood stained his clothes, his face, his hair. His eyes were open, watching the door, behind the little girl. She was afraid. The cold came up her back, and the tears fought to get out.

—Daddy? —she asked— Daddy!, open de eyes! How are you? Daddy, please, please.


She cried alone in the kitchen, close her dead father. She didn't move in all day. Only cried so she didn't see to man sitting in the stairs. He smiled, waiting his moment. The moment when he'll kill the little girl, but something changed that day, and the man of the stair got up and he went.

I must write in English, because I write very badly in English so I'm practicing here. I apologize for my grammar mistakes. And I’m sorry about writing in English, but it’s my blog and I have to do it if I want to pass. Please, tell me if you think that I made a mistake, because I need it!


lunes, 14 de marzo de 2016

Neil Young -- Heart of gold




I want to live, I want to give
I've been a miner for a heart of gold
it's these expressions I never give
that keep me searching for a heart of gold
and I'm getting old
keeps me searching for a heart of gold
and I'm getting old
I've been to hollywood, I've been to redwood
I crossed the ocean for a heart of gold
I've been in my mind, it's such a fine line
that keeps me searching for a heart of gold
and I'm getting old
keeps me searching for a heart of gold
and I'm getting old
Keep me searching for a heart of gold
you keep me searching for a heart of gold
and I'm getting old
I've been a miner for a heart of gold